Cremas y otros productos cosméticos prometen auténticos milagros sobre nuestra piel y en muchas ocasiones nos lanzamos a su consumo sin atender a un factor muy a tener en cuenta que debe ser contemplado antes de gastar un céntimo: ¿cuál es nuestra clasificación dermatológica?

Y es que tan cierto como que no hay dos personas iguales, no hay dos epidermis iguales. Del mismo modo, no todas las cremas, lociones y demás productos cosméticos son adecuadas para nuestro tipo de piel. Conviene, por ello, conocer este detalle antes de lanzarnos a la aplicación indiscriminada de lociones y cremas, por muchos milagros que prometan operar en nuestra piel.

Los distintos tipos de piel obedecen, fundamentalmente, a la proporción de grasa producidas por las glándulas sebáceas y por su distribución sobre la epidermis. Esta clasificación contempla cuatro tipos: seca, normal, mixta y grasa.Si preguntamos a cualquier persona qué tipo de piel tiene, el primer impulso la llevará a contestarnos: “normal”. Sin embargo, este tipo de piel es la menos frecuente. Casi podríamos decir que es el ideal al que todos aspiramos y que poca gente tiene. Se caracteriza por la práctica ausencia de poros abiertos, por su luminosidad y suavidad y por una flexibilidad óptima. Este tipo de piel no precisa de grandes cuidados más allá de una correcta y habitual higiene, así como crema nutritiva por la noche y humectante por el día.En el extremo opuesto nos encontramos con la piel mixta –la más frecuente-, caracterizada por el contraste entre una cantidad considerable de grasa en la denominada “T” y cierta sequedad en el resto del rostro. Conviene, por ello, extremar su cuidado y, o bien definimos muy bien en qué partes de nuestro rostro aplicar una crema grasa y en cuáles no, o utilizamos productos con Ph neutro.

Las pieles más brillantes son las grasas, muy frecuentes durante la pubertad, y más en las personas de tez morena que en las de tez pálida o sonrosada. En estos casos, conviene extremar la higiene y la hidratación, huyendo de las cremas especialmente grasas.

Por último, la piel seca es quizás la más fina y por ello la más frágil de toda la clasificación dermatológica y la más propensa a presentar arrugas. Su cuidado pasa por evitar la exposición al frío, ya que éste aumenta su sequedad, así como por una hidratación mayor y por evitar la aplicación de polvos de maquillaje.